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lunes, 18 de noviembre de 2013

El café de Emilio - Sin permiso de conducir.

Eran los días de invierno empujando a un Agosto pensativo al exterminio del deseo masivo, de los que una vez anhelaban esa estación a una primavera olvidada en los cajones donde se guardan los polos de septiembre. 
Una gélida mañana en la cuadra siete de Grimaldo del Solar, los pretendientes cansados por la rutina recorrían la avenida sin mucho entusiasmo en sus bicicletas esperando un sol de septiembre que nunca llegaría. Diez cuadras después, fueron las que terminaron con el intento de Micaela por hacer ejercicios al sentir las piernas adormecidas; los músculos hinchados y el aire escapando por su boca agotada; acompañada de Andrés en el Malecón de Armendáriz. Aunque la gracia ácida de Andrés hidrataba el cansancio de Micaela, improvisando la letra de una trova burlesca, despertando los deseos por él una vez más, mientras los ojos de Micaela le sonreían a Andrés.
Él acomodó su bicicleta, para luego sentarse en el muro de ladrillos rojos del malecón -que llevan de vez en cuando una firma de amor en sus viejas pieles-. Miró a Micaela con una sonrisa de armonía, sin creer lo que él -un pendejo de nacimiento, con un historial de muslos que han pasado por sus piernas-. Iba a pensar de ese incógnito momento «Ni cagando me gusta esta flaca. Es hermosa, pero... Veré que hago con Viviane y Nicole» Las miradas entrelazadas de armonías y risas, entre bromas generaron la reflexión de Micaela y los pensamientos sobre él. Al grado de desear introducirse en su mente o solo confiar en las palabras de Andrés y en las drogas tóxicas para la razón. Una mezcla exacta para ella. Siendo para Micaela una elección y no el contenido que llena un vacío del alma. Andrés era elegido por su gracia, arte y atractiva beldad. «No sé que espera para besarme» Intranquila, pero siendo tranquila; deseaba esos labios.


Hasta que de pronto, en ese momento en el cual los labios se acercaban, aunque el tramo era largo entre historias de protestas, se escuchó un “¿Qué hacen aquí?” Partiendo las sonrisas de los dos, en un nuevo pasaje. 
-Oe, men qué haces tú aquí. Jajaja-. Intentando distraer a Emilio en un no-sé-qué-decir. Andrés tuve que mentirle de una forma instantánea, para no hacerlo sentir mal.
- Lo mismo pregunto-. Decía Emilio defraudado con la mirada perdida, esperando el saludo que nunca llegó de Micaela.
- Nada, men. Estaba paseando en bicicleta y cuando de pronto me encontré con Micaela y así paseamos juntos.- 
Emilio sabía que era engañado y que para mentiras a patas, Andrés no era ningún capo.   - Ah bueno. Yo estaba yendo a la casa de Julia, para dejarle unas cosas.-
Micaela para escapar del fraude notorio, intentaba sacudirse de Emilio de encima sin mencionarlo.-Andrés ya me tengo que ir ¿Vamos?- con un preciso retoque en la mirada, Emilio sabía que no estaba invitado y Andrés se despidió con un hablamos-mas-tarde. 

Al perder a Emilio de la vista. Micaela le dijo a Andrés que se iba a su casa fuera de mentiras, sin perdidas de tiempo y que cuando el tiempo sea solo para él, él la vaya a buscar un día, solo. Sin almas que lo acompañen, porque ella buscaba al personaje principal y no a secundarios. Andrés entendía a lo que se refería. Se dejó llevar por las cachetadas mentales que lanzaba Micaela y se enredó en su propio juego de dopaminas, enganchado por lo erótico y romántico de ella, cuando aceptó con el “No te preocupes, no volverá a pasar” y una sonrisa de aceptación-sin-ser-aceptada sabía que dejaría por un tiempo de ver a su amigo y perdería el tiempo en ella o tal vez lo ganaría en esta nueva presa rebelde que le sumaría puntos en sus conquistas infinitas.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Otra noche con la pequeña Julia.

Ella vive en el mismo edificio, perdiendo el tiempo con los sueños de sus pretendientes y cantando los caminos que irán hacia ella. No  tiene camisas viejas, siempre anda con la nueva y va gastando los dólares de sus padres en viejos polos. Pregúntale cuantos años va a cumplir la menor de edad.
Ahora pasa volando con sus aires de doncella, pierde el control cuando los vientos no son propicios para ella. Una discusión se hace tarde y las grietas que deja en la vereda se esparcen.  Ya sabes que dirá esta tarde, pero es impredecible lo que dijo antes. Otra noche con la pequeña Julia. Otra noche en Miraflores, mi corazón se derretirá por una tarde con ella en las calles de Petit Thours. Un beso frustrado y la esperanza de hablar se ahogarán con las fuerzas que necesitaré. Los sueños perdidos en sus alcantarillas arregladas, van caminando mal.

Esta tarde de Noviembre va siguiendo los pasos de una pequeña violadora de corazones y no sabemos para qué. Sigue saltando sobre su cama y adoptó otra tarántula para espantar a los cobardes. Suéltenme en mi perdición, para perderme entre los demás y así extraviarme en el intento. Seré un viento que no la incomodará, solo estaré en la pared. Bañado de blanco, como esta. Déjenme quedarme estampado en la pared para no incomodarle la tarde. No seré un valiente, ni un cobarde. Otra noche con la pequeña Julia, eso quiero ser.

Emilio Enamorado.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El café de Emilio - La presencia de Julia.

Era un día pasado de copas en la calle alcanfores donde los postes alumbran el asfalto hecho por un alcalde olvidado por otras gestiones, cuando Emilio caminaba por ellas abrazando el olvido;  dos de sus amigos cercanos desaparecidos y la indiferencia de Julia. No pretendía recordar lo que olvidó y tampoco deseaba olvidar lo que había recordado, caminaba solo para vivir un nuevo presente marcado por los besos de hace dos semanas.  “¿Y ahora qué debe pasar en estos días, para reconocer la realidad?”

Mientras iba caminando, vio en el futuro de sus pasos una silueta que extrañaba en sus sueños. Pelo largo negro, ojos encuadrados entre lentes y una piel nívea que iluminaba el cielo, resplandecía la siguiente cuadra de Alcanfores. Era Julia la chica de sus llantos y el secreto de sus amigos, recordando sin pensar a Micaela y Andrés. 
Se acercaba el néctar de sus poemas y sus conversaciones;  los ojos de Emilio se tornaban carmesí, cuando un "hola" emocionado recompuso a Emilio en un distinto 
principio  al que ya había vivido con ella.
-Julia, cómo estás.-  No sabía que decir él con la voz estremecida por el saludo de ella. Esperando un beso o un abrazo, por lo menos una mirada de aprecio, pero el rostro insensible de Julia sin una chispa de amor dejaba a Emilio en una espera trágica. Ella veía en el rostro de Emilio, la trágica mirada ilusoria y tenía que ser ella la que acabe con todo ese cuento de ficción.
–Bien, comprando unos libros para las nuevas clases y  esperando a Rodrigo. ¿Qué haces por aquí?-
Julia apoyaba su mirada en el recuerdo de esos besos clandestinos que las noches de Domingo Orué se llevó con el nuevo romance que tenía entre manos su corazón. Inducía una nueva historia, nada que ver con el amor de los besos apasionados que se dieron. Dejando a Emilio en la duda rumbo al declive. 

-Y Rodrigo es…- Solo la respuesta de Julia  frenó a Emilio en un nuevo desenlace cayendo en un profundo abismo al prender un cigarro cuando escuchó “Mi enamorado” y darse cuenta que el resucitado romance había terminado con el beso en la frente.
Fingiendo las sonrisas y la sorpresa, como arte de un poeta decepcionado. Intento indagar más en la historia de Julia. -¿Cuánto tiempo van?-  Solo saber que hace unos dos meses atrás conoció a Rodrigo en un club de cine en Miraflores al ver una película de Almodóvar y hace una semana un colapso de ilusiones entre esos dos moribundos necesitados de amor, etiquetó su celebración del primer día, mientras el pasar de los días hizo fuerte su relación atravesando los mismos problemas que vivió Emilio con ella, pero en este caso el breve tiempo hacia de las suyas; lo dejó en un shock de desilusiones al sabor de su propia saliva, mientras pasaba por su garganta toda ese agrío sabor de no haber sido él, el elegido y amar a Julia amante de Rodrigo en tan corto tiempo; muy distinto a todo el esfuerzo y empeño de Emilio, por tratar de aferrarse a sus brazos una vez más.

La presencia montada en un caballo que imaginaba Emilio de Rodrigo bebiendo café agitó sus latidos con un beso de este ser de la nada a Julia y un apretón de manos al pobre desilusionado lo dejó crucificado cuando Julia se despidió del pobre poeta, después de presentarlo entre miradas que solo los antiguos amores reconocen a los nuevos reyes de esas tierras que fueron exiliados por el viento que se llevó la llama de una vela que colocaban a Cupido para que ese amor terrenal fuera para siempre.

Emilio se encontraba solo de nuevo, perdido en Alcanfores con las esperanzas marchitas y olvidando lo que hacía por esas calles, prendió un cigarro y recordó la frase que encasilló su destino por el chino de la bodega . “Al parecer está maldito enamorarse en Miraflores durante los años mozos.”
Mi alma se desmoronó al paso intentando sujetarse del corazón, pero el dolor fue más fuerte que la fuerza externa. Hecho de piedra, me sumergí en un llanto de lava. Quebrandome, como un pedazo de vidrio enpolvado. Era una vez más el amor vestido de muerte el que me pedía dejar este mundo, pero fue mi soledad la que me pidió quedarme con ella. Recordé a mis amigos, me olvidé del vacío que dejaron por su egoísta relación y traté de comunicarme con ellos; para por lo menos estar acompañado en estos solitarios días.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El café de Emilio - La hora tomada

En el parque Clorinda, donde distintas aves silban a las 5 de madrugada, despertando a los más ancianos para que recorran el cuadrado dividido que los invita a vivir por unos años más. Las hojas de los arbustos miraban a los perros correr por todos lados. Se pusieron tristes por no tener el don de correr por el panorama que las ramas les otorgaron, entonces se vieron entre ellas y se tocaron las palmas prometiéndose nunca abandonarse, a pesar del deseo de recorrer tan lejano sueño en tan bella primavera. Como cambian las simples cosas; las hojas se fueron donde las llevó el viento y se olvidaron de sus promesas con un soplo de otoño. Tal pasó con Emilio y las promesas que le hizo a su corazón tan maltratado. Él estaba seguro de no volver a sentir lo que vivió con Julia, pero no pensaba que desafiar los mandamientos de Cupido le iba a desatar el castigo más grande entre todos los dioses del amor. Saborear la fantasía de haber estado a unos minutos de tener la suficiente valentía para decirle lo que sentía, el afecto distinto que tenía él por ella, entre todas las mujeres y conocer de golpe esa condena. “Se le sentencia a Emilio Rodríguez Silva encadenar su corazón y castigar su mente por siempre, por ser culpable a falta de valentía y desear a la mujer de su mejor amigo” decía la voz dentro de su consciente y en el mundo lleno de códigos. Mientras en sus sueños, su inconsciente escapaba de esa cárcel maldita y abrazaba sus deseos que habían crecido con el paso de los años.
Esa noche en el parque. La silla cargaba el cuerpo muerto de Emilio Rodríguez esperando la llegada de los recién presos del amor, treinta minutos antes de la hora tomada para reflexionar su postura de la relación o comportarse ante un balazo de besos ante sus ojos. Pasaban los minutos y sus ojos se iban pudriendo por dentro.
«Esto me pasa por cabro, si solo le hubiera dicho. Tal vez la historia hubiera sido distinta.» La sed amarga de una pareja y más aún su deseo estancado eran los pensamientos con los que pasaba el rato, mientras llegaban los muchachos. Al ser diez para las ocho con unos segundos, Micaela va corriendo donde Emilio desesperada para decirle unas cosas claras, para que todo el espacio salga perfecto. Intentando que su historia de amor sea la adecuada y probando el dulce manjar de los romances juveniles a su edad.
-Emilio, ¿cómo me veo?- decía Micaela agitando su corazón, más que su cuerpo.  Cuando Emilio vio en esta el jean que siempre le decía que se ponga, la polera manga larga que servía como fondo para resaltar el crucifijo que él le regaló, la boina de lana negra que compraron los dos juntos y se prestaban las veces que salían. Solo pensó en una cosa, mirando fijamente al crucifijo.
«Si él murió por amor, porque no me matas ahora que conozco el pecado del mundo.» -Te ves bien.-  decía Emilio con tranquilidad.
-Perfecto, ya mira. No sé, pero él es algo especial, después de lo que te conté hicimos video llamadas todos los días en las noches y tocaba a Silvio. Es tan lindo. Te lo juro, muero por él. ¿Tú qué me dices de él?-  Los oídos de Emilio no eran el mejor panal, para tales palabras bañadas de miel.  -.Sí Andrés es chévere, cuando lo conozcas te va a caer bien; harían una buena pareja.-  Repetía el mismo acto de Pedro ante Cristo y negaba el amor por ella sin gallos que cacaraqueaban. Micaela sonreía creando burbujas con posibles sucesos. (El primer mes, el aniversario, las maravillosas salidas y los abrazos infinitos con la firma de sus besos) Emilio pensaba (Su inevitable soledad, la boda de Micaela, los hijos de la relación y el día de su muerte) Andrés pensaba (Micaela y sus labios, sus ojos, su pelo,  su cuerpo; la primera vez; si durará más de un mes)
Andrés a media cuadra se preparaba para enfrentar en la plaza de su público ficticio al toro que esa noche quería dominar, para llevarse a casa la gloria cantada. El trovador vio de lejos a Emilio y Micaela sentados esperándolo, cuando llegó y la saludó impregnando sus labios por primera vez en su rostro. Emilio sintió una banderilla que le atravesaba todo el lomo delante del público ficticio que se burlaba de este pobre animal sin salida, ni futuro. –Disculpen la demora, tenía que  hacer unas cosas.-
-. No hay problema –dijo Micaela, sonriendo a los ojos de Andrés.- Andrés animado por la racha de goles que anotaba con solo estar presente animó sus cuerdas vocales y el arte que le nacía de seducir a jóvenes ninfas como Micaela. sacó la guitarra de pronto de su estuche.
-. Ya bueno, querías que toque “Te doy una canción”.-  Micaela con la ternura estampada en el rostro pardo, movía la cabeza verticalmente.
-. Ya regreso, voy por un café instantáneo.-
«Qué  mierda estoy pensando.»  Con un simple “ya” de parte de los dos, se fue del parque dejando solos a los ilusos, o, la ilusa con el hipnotizador de corazones. Iba cantando Andrés la canción al costado de ella. Micaela escuchaba la canción sentada al costado de él. Cuando de un “Te molesta mi amor” fueron trepando escalas con “La era está pariendo un corazón” Las almas se respiraban mutuamente, como si por suerte del destino el alma sudara;  hasta que acomodaron sus espíritus, para lanzarse al vacío de un beso. Asfixiando todo pensamiento y siendo solo el beso, la sombra de Emilio con su café se derrumbada a lo lejos por siete puñales en la espalda, veinte golpes en el rostro y una piedra que reventaba su cráneo para acabar con el tormento que llevaba en su cabeza. No volvió Emilio a la banca, se fue como un desaparecido del lugar.
Pasaron horas y minutos infinitos que hacían de la noche eterna, pero llegaba el momento de partir y como si fuera casualidad se preguntaron la existencia de otro ser en la tierra.
-Que raro. A dónde se habrá ido Emilio.- Decía Micaela desarreglada por los paros del corazón
-Seguro nos quiso dejar solos.-  
«qué buen pata es ese huevón.» volvía a respirar después de esos largos besos de cincuenta metros bajo el nivel del amor.




viernes, 20 de septiembre de 2013

El café de Emilio - En la lona

En este mundo no hay que aferrarse a nada.. así como te aferras a lo que te apasiona, dale una chequeada al otro mundo y a las personas que quieren saber de ti como lo hice en su momento yo. Espero que te vaya bien. Tu también sabes que podrás contar conmigo si necesitas alguien como yo en el mundo tan jodidamente bonito. Hasta siempre. Y ojala volvamos a vernos algún día sin presiones.

De ella, para mí.





Capitulo 1


En la cuadra cuarenta y cinco de la
Av. Petit Thouars, el cemento fresco que un día será un fragmento de la vereda, se transforma en papel  para las mentes de parejas que petrifican su relación en una corta frase desafiante a las futuras posibilidades de una separación, y los amarra en un juego de ilusiones eternas sin pensar en la terrible extinción de su libertad. Ilusión en el suelo, con un tono gris cemento que es invocada letra por letra en esa frase; hasta que un día, un fenómeno haga trizas esa utopía y quede para siempre en sus mentes ese suceso escrito que forma parte de la vereda que saboreará aparte de las ilusiones destruidas, un rostro ensangrentando y quizás los besos de un ebrio enamorado que escribió su nombre al lado de su antiguo amor. en la cuadra cuarenta y cinco de la Av. Petit Thouars.

En la cuadra, al mediodía una pareja de aproximadamente catorce años juegan a la rayuela utópica de saltarse partes de la vida, sin conocer los sabios procesos en el amor. Nadie interrumpía su juego de barrio, porque todos sabían que el juego es parte del crecimiento que ayudará a los pequeños ilusos a ser fuertes, como fríos ante frágiles relaciones y calientes deseos de volver a ilusionarse de la misma persona.
El dueño de la bodega que se encuentra en la esquina. Observa a la pareja de pubertos a pocos metros de distancia y saborea sus labios secos, para recordar la ausencia del hambre que ya muerto se encuentra y colgado su recuerdo instantáneo al costado del televisor, en la parte superior de un ángulo exacto para poder girar, mientras hace los cálculos y
ver los goles que desde hace más de tres décadas anhela. Al regresar a su propio laberinto de abarrotes, le pasa la voz a su hijo mayor para que se haga cargo del cálculo, mientras él descansa en una silla roja viendo el partido que ese día quería. Vuelta a lamerse los labios, sentado en su sofá carmesí, escuchando el tumulto de clientes que llegan al mediodía a comprar la lista de ingredientes para el almuerzo.
Un joven pide en su lista: una cajetilla de veinte unidades de tabaco con alquitrán. “Otra vez Emiliano” la voz del dueño que de improviso, se alzó al ver las compras del muchacho y desde pequeño había visto al joven Emilio acompañado de su madre ingresar por la bodega con una sonrisa llena de calma interrumpió el trato entre su hijo y Emilio.

-.Anda, chinito, son solo puchos; me ayudan a quitarme ese pánico de encima por un rato. Dame mi café, por favor.- Se levantó el chino del sillón, con un rostro de soberbia.
-. Si no son puchos, es café y si no te basta con eso, es el trago. A tu edad es malo ahogar de esa manera todos tus problemas. Solo los loquitos hacen esas cosas -. El chino percibió mientras servía el café,  por un breve momento, los ojos de Emilio que miraba detenidamente  a la pareja de chicos jugando rayuela; le entregó el vaso a medio llenar de café instantáneo. Lo miró de reojo  y le dijo.- Acaso estás enamorado de una de esas que vive por acá. Ojalá que no. Estas chicas son bien especiales, pregúntale  a cualquier hombre que se haya enamorado a tu edad. Al parecer está maldito enamorarse en Miraflores durante los años mozos.-
-No, para nada. ¿Yo, enamorarme? Pff. No tengo tiempo para esas ridiculeces. Es un gasto de dinero y tiempo. Estoy concentrado en mis estudios.- decía sobreactuado Emilio,  mirando el suelo morado donde recordaba sus primeros pasos, mientras apresuraba los sorbos que bebía  del café.
-Ay caramba, que bien pues muchacho.- decía el chin, pensando que no iba a ver otro triste miraflorino merodeando por su tienda para pedirle una chata de ron; como era habitual en el barrio del parque clorinda,  para curar las heridas de esas guerrillas románticas.

 Lo que no sabía el chino era sobre la desesperación que desataban preguntas tan simples como esas en Emilio, la prisa que tenía para volver a conectarse en su computadora, olvidándose de la pareja que jugaba rayuela, la cuadra cuarenta y cinco de la
Av. Petit Thouars,  Miraflores y el mundo entero. Él solo quería estar al frente del monitor y escribirle a Micaela, cualquier cosa para enredarse en una conversación que no sabía si estaba haciendo bien o mal.
-¿Emilio, estás?- Había dejado de mensaje en la red social donde se comunicaban sus historias, ideas, banalidades y a veces, hasta sentimientos que tenían el uno del otro. Volvía la calma en Emilio atravesando con un saludo primordial y un cómo-estás en la conversación.
-Ah bueno, Te tengo que contar algo muy importante, es sobre algo que me está pasando. Hace una semana. Conocí un chico que se llama Andrés. Es demasiado lindo, sabe las canciones de Silvio y Pablo Milanés; creo que estudia música y me parece simpático.-  Derramaba Micaela desde su habitación todas las fragancias aromáticas que le hizo oler Andrés ocho días atrás en el parque María
Reich.
Un día cuando Emilio tenía que hacer unos trabajos; Micaela salió con su perro por el malecón. Mientras caminaba, ella tenía frases de poemas que Emilio le pasaba, generando dudas en su cabeza 
«A Emilio le podría gustar…nah. Sería muy chistoso, extraño, tal vez, en especial con él.»
Kundalini (la mascota de Micaela) empezó a ladrarle a un desconocido que estaba sentado en una de las bancas del parque, como tratando de callar las melodías que cantaba el chico al viento. -¿Te puedo ayudar?- Dijo el chico de mediana estatura, mirándola a los ojos. Atravesando todos los campos de trigal que nadie había sembrado, hasta tocar la puerta de esa hacienda que ella no sabía que existía dentro de su corazón. –Ah, Hola, no para nada. Es él que a veces se pone en un plan jajaja.- Con un tono nervioso y pasivo, tratando de manejar sus emociones dejaba entrar todas las posibilidades que podían suceder en esa tarde. –Ah bueno.- Retomaba la letra y continuaba el ritmo de Silvio. Como noticia de golpe, de pronto se sabía que el corazón de Micaela había sido dominado en cierta parte por el chico y las melodías que tiempo a tiempo del riff, de la guitarra envenenaba en una terrible ilusión a la pobre. –Tocas a Silvio qué paja, sería bueno que conozcas un amigo que le encanta su música.- Andrés la miro y le respondió con una aprobación al entendimiento de cualquier ser viviente en este planeta.
Antes de continuar con la pesadilla descrita por Micaela, el miedo en el pobre Emilio recorría sus venas, como si le hubieran inyectado aire. Se quedó paralizado con la posible respuesta de su pregunta, ya que ese “me parece simpático” decía todo lo que iba a venir.
-. Espera. ¿Cuál es su apellido? -
-. Benavente.- Miraba Emilio por su ventana, como si todo otra vez estuviera perdido.  Prendió un cigarro y disparó otra idea en su cabeza, rindiéndose antes de tiempo. Tiraba la toalla llena de versos dentro del cuadrilátero del amor y dejaba que otro se llevara la copa con la que uno sueña tomar vino el día de su boda y renunciaba a todas sus intenciones con  la musa que vivía en sus sueños. Cuando de pronto se abre otra ventana de conversación en su monitor.
-Oe! No sabes. He conocido una flaca hermosa, cualquiera que esté con ella la tiene ganado. Voy a salir con ella  uno de estos días, fácil, y un pata de ella  la próxima vez. Ya la hice men. Wuuujuu.- Andrés se bañaba en gloria. Purificaba su piel, perdiendo la memoria de las victimas en su haber. Tantos corazones rotos y ninguna disculpa. La sonrisa mental de Andrés era impresionante. La guerra de pasiones, no importaba cuando su alma estaba de carnaval. Por primera vez  había visto a una chica tan hermosa, como Micaela y no parecía querer perder la oportunidad que le dio ella. Tal vez esto era distinto o tal vez era igual. Andrés resultaba siempre impredecible en los juegos del amor.
-Sí, la manyo. Es Micaela. Me acaba de contar la historia. Sal con ella si quieres. Es buena gente.-
Con esas palabras entregaba a uno de sus más grandes amores secretos, en bandeja de plata al amigo. Emilio estaba triste, quería olvidarse de todo. Se desconectó de las redes, respiró profundamente y al exhalar todo ese aire que retenía en su garganta, dejó sacar todo esos deseos con Micaela juntos. Una avalancha se venía encima de él. Su cuerpo no resistía la presión. Entró entre llantos sigilosos en compañía de su almohada con las tres de la tarde cubriéndole el cuerpo por la ventana.



jueves, 19 de septiembre de 2013

El café de Emilio - Avenida Pardo

Era las once de la noche de un día cualquiera, para el que viera el sábado como un santo de la semana. Los arboles de Miraflores bañados en el smog del distrito escupían polvo a los transeúntes y más a las parejas que renegaban de los celos de uno.  El calor de la ciudad sofocaba los corazones de una pareja que discutía en medio de la Avenida Pardo entre carros que pasaban con destino a un bar de esos tiempos.  “Mira una vez más y me voy, no soporto tus celos enfermizos de –dónde estoy y a dónde voy-“Como era común esas palabras se quedaban grabadas en la madera de las sillas donde se sentaba cualquier pareja y esa noche, justo esa noche tres amigos paseaban por ahí sin pensar que caerían en las trampas de un estratega, el amor. 
Andrés y Emilio caminaban muchas de aquellas noches de verano, todos los sábados por esos espacios públicos sin visita desconocida, para desahogar los pecados que cometieron dentro de esa semana. “Sabes si Julia le tomaría un poco de importancia cómo estoy, no estaría contándote esto. Seguro estaría con ella, conversando como aquellos días cuando éramos amigos” vomitaba Emilio las palabras que le nacían por tanto mareo esa tarde, al haber visto a Julia abrazada de un desconocido por la calle Arica. Cansado Andrés de ver el vomito de su amigo, intentó ayudarlo, dando a conocer su propia táctica en los amores vacíos e ilusos.
-Mira Emilio, déjate de huevadas. Ya han pasado como nueve meses y sigues en lo mismo. Haz como yo. No te enamores, enamórala. Eso siempre me funciona con cualquier flaca.-
-Eso dices, porque tú la tienes más fácil. Yo tengo que soportar las dudas e indirectas que me envía ella. ¿Para qué? Para verla con otro tipo, abrazados y tomados de la mano. A caso no sabe cuánto la quiero y cuánto tiempo le he dado para hacerla sentir mejor, después de tantas formas de menospreciar nuestra amistad. He soportado sus berrinches, sus quejas, sus insultos y mírame sigo acá, manteniendo la amistad que me une a ella.-
-Huevón, tú no eres su amigo desde la vez que se te lanzó y empezó a gustarte; no te hagas, se te notaba. Todo el mundo sabe que te gusta, pero a una flaca no le puedes mostrar eso. Tienes que aparentar que te da igual sus sentimientos, para que ella esté detrás de ti. Eso le gusta a las flacas, que no le des bola, así están detrás de ti.-
Entre las lágrimas que derramaba las palabras de Emilio una presencia extraña de pelo largo y rostro pardo se acercaba a esas almas envenenadas de deseos prohibidos. “¿Emilio qué te pasa?” el sonido organizado de unos bellos labios hechos por el hombre preguntaban por la alma que sudaba penas. “Es lo mismo de siempre Mica, otra vez está llorando por Julia” Emilio se tragaba los tragos amargos de sus propias lágrimas, para no volver a sentir esa sed de llanto y recobrar el sentido a su alrededor.
- Ah ya. Bueno, te traje el café que querías. Espero que te haga sentir mejor –dijo Micaela- pero si sigues así terminarás con todos los cultivos de café.- terminaba con una risa jocosa de completar lo que tenía para Emilio y se olvidaba de él, para caer en los labios de Andrés. Como si fuera algo cotidiano, para aquel que no fue una vez violinista de una cena de fin de año. Andrés y Micaela golpeaban sus lenguas contra todo verso mal hablado de las amigas de ella y Emilio se arrimaba cómodamente en esa extraña compañía, abrazándolos dentro él cuando bebía el café y prendía un cigarro de la cajetilla de Andrés, para olvidarse un poco del tiempo y de Julia. Emilio ya no sabía lo que sentía, pero estaba aprendiendo a cosechar sequías, para no volver a cultivar primaveras. 

martes, 17 de septiembre de 2013

El café de Emilio - Micaela

Micaela es una chica de pelo castaño y piel nívea con pequeños destellos pardos en su rostro; lleva en su melena los recuerdos de tantos amores perdidos entre los deseos que ha tenido, pero no ha podido lograr. Es jocosa y sabe mantener la ira que tiene a veces dentro de ella, como tragando el sabor amargo de la muerte dentro de la vida. No busca pareja, pero la encuentra sin desearla y cuando la encuentra a veces peca de mala chica para muchos chicos ilusos. Sabe que si tiene una relación amorosa, terminará partiendo el corazón de uno y estará triste por sus actos, por eso no  quiere una relación con nadie, desea vivir en su tranquila soledad -que el mundo espiritual le enseñó- pasando por diversas experiencias con distintos seres que nadie encuentra. Es estudiante de danza contemporánea  y expresa todas las emociones que tiene a través de su cuerpo. Ante todos es introvertida y expresa sus ideas sin mirar a nadie, porque capta miradas con su presencia; solo cuando habla con Emilio muestra sus ojos, petrificando la mirada de su mejor amigo que la conoce desde hace cuatro años. Relación que ha sabido mantenerse por los gustos en común; la música, la cultura pop y el cine.

No ha sabido superar todavía la pérdida de uno de sus romances, Andrés. Usa a Emilio como psicoanalista para revelar todo lo que siente por el que una vez fue la última pareja que tuvo y la razón de su solitaria existencia.  Ella tiene un secreto que nadie sabe, ni a su alma le ha revelado el mayor de sus profundos conocimientos de sí misma; guarda entre copas de vino y el humo de varios cigarros el preciado secreto que anhela Emilio descubrir.